sábado, 21 de julio de 2012

El juego

Título: El juego
Categoría: Slash
Pareja: Tom/Bushido
Nota: Prompt-castigo de Aelilim, drabble del foro TH Fanficcionario.


—Dilo.
Tom negó con la cabeza, risueño.
—Venga, dilo.
Volvió a negar mientras acariciaba las cuerdas juguetonamente con las yemas de sus dedos.
—¿Por qué?
—Porque no lo eres. Bill y yo también somos músicos, ¿lo olvidas?
Tom empezó a rasgar las cuerdas, rozándolas con fruición en una melodía producida al azar. Él se debatía entre maravillarse con las sensaciones o iniciarse en un declive hacia la locura. Quizás ambas.
—¿Rapero? —Pero no se daría por vencido; eso jamás.
—Samy Deluxe —canturreó el otro a la vez que desviaba su mano en un recorrido por el mástil. Recorrido que Tom conocía de memoria y que hacía bulla en él.
—¿Persona?
Tom suspiró y atrapó una clavija con el único propósito de tensar la cuerda, experimentar hasta qué punto llegaba.
—Ya lo hablamos, Anis. Mi hermano está ante todo.
Él asintió condescendiente y se permitió durante unos segundos doblegarse ante la supremacía momentánea de Tom. Este frotaba el mástil, acariciaba las cuerdas y las tensaba al máximo. Todo con una sonrisa ladina, característica suya.
Aquello era un juego que Tom adoraba; explorar límites, delinearlos, presionarlos y difuminarlos. Era un juego de niño travieso que él le complacía, secretamente fascinado, a pesar de que pudiera poner a prueba su cordura, ni hablar de su paciencia.
En la intimidad él se mostraba permisivo frente a los juegos del otro. Lo dejaba crearlos, establecer las reglas, hacer trampas y, casi siempre, ganar. Pero eso no significaba que no batallaba, ferozmente si era necesario.
—¿Acaso no soy nada para ti?
Tom se paralizó por unos segundos y alzó la mirada; aquella que pecaba de egocentrismo y que, de alguna forma, lo había cautivado. No le transmitió mucho más que su enfado: Tom odiaba que le hagan trampa. Luego, volvió a acariciar, raudo.
Aquella melodía hipnotizante y avasalladora lo mantenía preso, mas no le importaba.
Cuando finalmente había dejado su orgullo a un lado y había escalado por la escabrosa ladera de la atracción magnética, él mismo se puso los grilletes. Por el momento, no tenía ni la más mínima intención de apartarse de Tom Kaulitz y de lo-que-fuera que ambos tenían.
Por ello, lo atrajo hacia sí, retuvo sus manos con algo de fuerza y unió sus bocas con rudeza —no que les molestara— en un combate intensivo por tener el poder. Estaban entrando en la recta final del juego, el calor enfebrecía, la ropa estorbaba y las caderas se entrechocaban. La melodía se había vuelto pegajosa y él le dio letra mientras la inclemente lengua de Tom ganaba terreno en su cuello y las trenzas negras prepotentes azotaban su clavícula como la estela del ganador.
—¿Amante favorito?
Tom se carcajeó suavemente y atacó con mayor ferocidad su boca, mas se dejó abrazar mientras la melodía se intensificaba.
Él sonrió victorioso: había ganado.
Lo había hecho el día que logró meterse entre las piernas de Tom Kaulitz. 

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