viernes, 20 de julio de 2012

Cuarenta semanas


Título: Cuarenta semanas
Resumen: Primera semana: Alex está rara. Quinta semana: Alex te tira la bomba, tiene tres días de atraso. Ahora lo entiendes, cuarenta semanas, no es poco.
Categoría: Hetero
Advertencias: Incesto
Nota: Para Gloria.



Primera semana

Alex se pone extremadamente cariñosa contigo. Demasiado extraño. Hasta ella nota la rareza de la situación. No importa. Sino que lo aprovechan al máximo. Los vecinos se quejan.

Tercera semana

Tu jefe advierte tu tardanza, pero no dice nada. Después de todo, eres su mejor empleado. Los repentinos enfados de Alex conllevan a disputas por estupideces que conllevaban a largas reconciliaciones. Los vecinos se vuelven a quejar.

Quinta semana

El jueves Alex te llama al trabajo y concierna una reunión urgente contigo en el café que está en la esquina entre Little Italy y el barrio chino. Aun con treinta y cinco grados, ella toma un latte descafeínado mientras tú bebes una cerveza que no pasa por tu garganta en cuanto ella tira la bomba: tres días de atraso.

Sexta semana

Las quejas de Alex se acentúan. Que las náuseas, su cadera, el constante ir y venir al baño, su pecho, la acidez en su estómago, la congestión. Cuando comenta quejumbrosamente sobre decirles al resto de la familia, sientes un balde de agua fría casi bañándote. Literalmente. Malditos los niños y las costumbres de ciertas etnias para con el carnaval.

Octava semana

El enfado por parte de tu madre se disipa gradualmente cuando se entera de que va a ser abuela. Aún así, la molestia de que sus dos hijos estén juntos sigue presente, pero aminora ante la alegría del próximo nuevo integrante familiar. Te contenta eso, pero no los raros antojos de Alex. ¿A quién se le ocurre querer comer papaya con dulce de leche a las tres de la mañana?

Novena semana

Los vecinos amenazan con denunciarlos. Los entiendes perfectamente. Al menos no eres el único que soporta los gritos de Alex, quien quiere demanda un sándwich de banana y nutella. El ginecólogo los ha reprendido por no ir antes a hacerse los chequeos. Te recuerda a tu papá.

Décimo-segunda semana

Al principio sientes celos cuando el ginecólogo toca el vientre de tu Alex. Ella se ríe por las cosquillas que le causa el gel. Intentan mostrarles su bebé. No ves nada. No obstante, tu corazón se hincha de orgullo. ¡Escuchas sus latidos! Te das cuenta de lo importante que es esa personita en el vientre de Alex para ti. Te afectan tus alergias.

Décimo-quinta semana

Tu jefe te perdona el memorandúm en cuanto se entera que serás padre. Te felicita y te reprende por no habérselo dicho antes. Sonríes sin ganas, pensando en que Alex tiene tu tarjeta de crédito y que te la sobrecargará con la excusa de que está gorda y de que la ropa ya no le entra.

Décimo-séptima semana

A Alex le están creciendo los pechos. Piensas que se ven apetitosos, pero no haces mucho por respeto a tu hijo aún no-nato. Alex está dejando de dormir todo el día.

Décimo-novena semana

Piensas nombres de varón y de mujer. No se te ocurre ninguno. Te das cuenta de que no tienes casi imaginación. Se lo dejas a Alex, quien también quiere decorar ya la habitación del bebé, sin ni siquiera saber aún su sexo. El turno para con el ginecólogo está marcado para la semana siguiente, y cada vez están más impacientes.

Vigésima semana

¡Lo sientes! Escuchas entredormido el rítmico tamboreo del corazón de Alex con tu mano apoyada sobre su abdomen. Le refutas sus quejas sobre que ya no es linda, incluso con las casi inexistentes estrías que le habían aparecido en su vientre, cuando sientes un golpecito donde está apoyada tu mano. Sonríes y besas su boca, su cuello, su vientre.

Vigésimo-primera semana

Recuerdas algo que te había contado tu abuela. Sabes los riesgos de tener un hijo incestuoso, por la no-renovación de genes. Al principio dudabas que le suceda algo terrible, pero te quedas con el temor de que nazca con cola de cerdo. Te estremeces.

Vigésimo-cuarta semana

Alex se queja ahora de los dolores de espalda y en la pelvis. Tratas de contentarla en todo momento. Tu madre siempre dijo que el trabajo de ser madre es duro, ahora te das cuenta de que son madres desde antes de ver a su hijo.

Vigésimo-sexta semana

Todos te felicitan y te preguntan el sexo del bebé. Tartamudeas y dices que no lo sabes. Lamentas que, en un acto típico de impulsividad, Alex se haya negado a querer conocer de antemano si era varón o mujer. Te mueres de ganas de ir corriendo a preguntarle al ginecólogo.

Vigésimo-novena semana

Alex se queja ahora de las constantes patadas que siente durante la noche. Dice que quiere a su hijo, pero que la haría más feliz si la dejara dormir. Traes un pastel a casa. Ella bromea ácidamente con que la quieres ver gorda, pero te besa y deja que le des de comer.

Trigésima-segunda semana

Alex debe dormir de costado. Su madre les dice que un remedio casero para no ahogarse mientras duerme es que descanse con una pierna más levantada. Sólo por llevarle la contraria, Alex duerme de costado. Pero acepta gustosa su tortilla sorpresa de seis quesos.

Trigésima-cuarta semana

Llevas a Alex a toda prisa al hospital en medio de la noche. Sólo son contracciones. Los felicitan, falta poco para ese día. Alex tiene un brillo especial en sus ojos. A pesar de que está hinchada, te parece la persona más bella de mundo. Agradeces.

Trigésima-quinta semana

Max les ha traído un regalo para el bebé. Un juguete mágico de madera. Lo tocas y se convierte en una serpiente real. Él está emocionado, deseando que su sobrino aún no ve la posibilidad de que sea sobrina sea un gran cazador. Te debates entre burlarte o agradecer y cambiar de tema. Sabes que ambos tendrían el mismo efecto, así que te tiras por lo segundo. Guardas el regalo en el armario y juras jamás sacarlo de allí, o tirarlo en cuanto Max se marche.

Trigésima-octava semana

Te diviertes escuchando y sintiendo los movimientos de tu bebé. Alex no tanto. Dice que está siendo molesto, mas en seguida te avisa si el bebé dio una patadita. Sigue quejándose de las contracciones. Tú has hecho de sus mamas tu fetiche.

Trigésima-novena semana

Cada vez falta menos. Tu ansiedad te consume y has bajado algunos kilos cosa que en cierta manera molesta a Alex. Ella últimamente se la ha pasado mirando más televisión que de costumbre. Incluso escuchas viejas repeticiones de American Idol durante la noche. Ruegas que no quiera llamar a tu bebé Simon, Kelly, Adam o Kara.

Cuatrigésima semana

Están desayunando por capricho de Alex en un café cerca de Broadway cuando ella rompe aguas. Te desesperas: no tenías nada preparado. Toman un taxi hacia el hospital, donde los tranquilizan. Aún queda tiempo. Inician el parto pasado el mediodía. Toda tu familia está viniendo al hospital. Quieres grabar el alumbramiento, pero eres impresionable. Alex se queja. Lo graba tu mamá. Cuando al fin tienes a tu hijo sí , es un niño, un hermoso niño con tu ojos en tus manos temblorosas, casi lloras de emoción. Palpas disimuladamente su trasero; nada. Te relajas y te acercas a Alex, quien en su rostro refleja una inmensa paz y amor, y cierto cansancio. Tu padre y tu hermano llegan con un ramo de claveles cada uno. Harper les regala una manta hecha a mano afortunadamente, con hilo de seda de las tiendas. Dejas descansar a tu novia, hermana, madre de tu hijo, y corres a comprarle una cadena de oro con el dije de un niño. Haces que le graben esta fecha. Se lo entregas a Alex y ella sonríe con ternura y llora, pero culpa de esto último a las hormonas. La ves a ella y a tu hijo entre sus brazos, y no puedes evitar pensar que has elegido a la mejor persona tal vez no permitida y has iniciado con ella la familia más hermosa e impresionante del mundo, sin comparaciones.

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