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viernes, 7 de septiembre de 2012

Bellos compañeros indiferentes

Título: Bellos compañeros indiferentes
Resumen: La primera vez que lo vio, se había maravillado. Más tarde se unió a su familia. Él era solamente un gruñón, ella un ser nuevo con sed de venganza. ¿Se llevarán bien?
Categoría: General


La primera vez que lo vio, se había maravillado. Él era un ser aparentemente perfecto, aún más hermoso que ella. También había fruncido el ceño. Todo lo que él tenía de bello, lo tenía de desagradable.
Era el hermano de la también hermosa pero extremadamente amable esposa del nuevo doctor de la ciudad, quien también era (¿irónicamente?) una persona deslumbrante, joven y cortés. Él, como el tercero en discordia, vivía con la feliz pareja. Las únicas personas a las que miraba demostrando cariño.
La primera vez que lo vio fue en la feria. Iba con su hermana, acompañándola. Dieron muchas vueltas aunque compraron poco. Era como si únicamente quisieran mostrarse al mundo exterior. Ella lo miró de reojo, admirando y reprobando su belleza. Casi infringiendo la ley tácita en aquella ciudad, él le fue indiferente. Es más, cuando él al fin la vio, frunció la nariz y la frente, acrecentando su expresión huraña.
Indignada, ella se había decidido a odiarlo plenamente.
Tiempo después, cuando las vueltas del condenado destino la transformaron de la víctima de una tragedia en el ser más extraordinariamente hermoso e inmortalmente jovial del mundo, se encontró en la situación de que querían que ella fuera la hermana de él. No, peor, querían que ella fuera algo más.
No bastó ni dos segundos para conocer la respuesta bilateral negativa.
Él era solamente un gruñón huraño que se resistía a su belleza, que estaba en contra de su transformación, que era complicado y difícil de entender. Mas, ella no lo intentó demasiado.
En cambio, ella era un ser diferente, nuevo, algo obstinado. Un ser que conservaba sus recuerdos humanos y la sensación de poseer sed de venganza. Venganza contra aquél cruel supuesto ex prometido suyo, vil humano de una bajeza inferior a los gusanos y con demasiado dinero.
Con crudeza y delicadeza se deshizo primero de aquellos malévolos que habían participado del acto inicial que desencadenó consecuencias y hechos posteriores, siendo su condición inmortal un ejemplo. Pero para la peor persona que había conocido (aún peor que él), ése con quien había estado, lamentablemente, comprometida, había preparado un escenario especial, diferente. Una dramatización equiparable a la imaginación trágica de esos años. Requirió un vestido de novia, palabras y movimientos elegidos. No se había molestado en hacerlo a escondidas; su familia adoptiva preguntaba a veces, pero no la limitaba. Tuvo especial cuidado, lo hizo sufrir, volverse loco y retorcerse; pero nunca, jamás, derramó una gota de sangre. Ante todo, intentó seguir los pensamientos que consideró moralmente inequívocos de la familia del doctor.
Cuando terminó con la vida de esa alimaña humana, devolvió el vestido robado sin arruga alguna a la modista local. Luego, regresó a la casa donde se alojaba. Ahí estaba él, sentado como comúnmente se encontraba en el piano, tocando alguna melodía lenta y sutil, que acariciaba los oídos. Él la miró, sus ojos dorados encrudecidos y su ceño levemente fruncido. Ella tenía planeado ignorarlo y seguir caminando hacia su habitación, sin embargo él la retuvo.
—¿Te sientes mejor?  —le preguntó.
A pesar de todo, su mirada no reflejaba reprobación ni odio o aberración como ella más de una vez creía ver, decepción o lástima. Ni siquiera estaba segura si la compresión que veía era verdadera.
No había necesidad de que conteste. Ella sabía que él tenía esa extraña y sobrenatural cualidad de conocer el pensamiento ajeno. Él podía escuchar perfectamente como la mente le jugaba una mala pasada, le hacía notar que la sed de venganza había sido reemplazada por un vacío profundo, un dolor lacerante producto de su desagrado con sí misma, con la sensación de ser sólo una asesina más. Quien quiera que había establecido el "Ojo por ojo…" no había advertido que en casos terribles como el suyo sólo aumentaba considerablemente la infelicidad.
Tal vez, con suerte, algún día esa historia no le resultaría tan terrible.
Él la abrazó. Meramente la comprendía. Sus casos era diferentes, pero los mismos. Fue cariñoso a su manera, intentó tranquilizarla y la acompañó. Estuvo con ella toda la noche y le recordó que no todos son perfectos, pero que lo importante era maximizar las virtudes y no los defectos.
Nunca fueron algo más. Ya no eran desconocidos tampoco. Desde ese día se convirtieron en hermanos.




domingo, 22 de julio de 2012

Justificaciones



Título:
 Justificaciones
Resumen: ¡Maldición! Bella me llamará traidor, pero ni ella ni mi familia me entiende... Yo la quiero, juro que lo hago, y quiero lo mejor para ella.
Categoría: Hetero
Rating: 9+

En mi mente se repite únicamente ese momento.
Sin cesar.
Como si fuera una mala película, gastada y repetitiva, con diálogos que pueden rayar en lo cursi pero que le oprime el corazón al hipócrita que la esté mirando. Si la viera como un tercero, sería seguramente esa persona que se ríe en el cine sin vergüenza alguna y a la que todos miran mal. Pero no. Soy Jacob Black, el estúpido hombre lobo, receptor del odio del destino.
«Adiós, Jake.»
¡Maldición! ¿No podía ella hacerme caso? ¿No podía quedarse por mí? ¿Por qué ese chupasangre? ¿Por qué?
¿Por qué sucumbía a la droga asesina y desangradora y no me aceptaba a mí, como su salvador... de cuatro patas peludas? ¿Por qué la sanguijuela era la droga y yo el simple mejor amigo?
—Mierda, Jacob ya empezó de nuevo...
—Seeh... Embry, te apuesto cinco a que va a empezar con lo del olor pútrido del pálido que corrompe el dulce perfume de Bella.
—Dale. Para mí que dirá que Bella no está consciente de lo que realmente le conviene.
—Jared, retírate. Lo que Embry dijo, Jacob siempre lo repite.
—¡Eh, muérete Quill! Últimamente tienes como diversión arruinarme toda ocasión obtener dinero fácil.
—Ya, tranquilos chicos. Ambos ganarán, después de todo, el amor te vuele idiota.
—¡Ja! ¡El macho Alfa ha hablado! Dinos, Sam, ¿qué tal las cosas con Emily? ¿Para cuándo el niño-lobo?
—No te pases, Paul.
Gruño. Lo único que esta manada de lobos imbéciles hace últimamente es inmiscuirse en mi vida. ¿Acaso no tienen nada mejor que hacer?
—¡Eh! ¡Cuidado con cómo nos llamas!
—Jake, ¿no se te ocurrió que puede ser porque tú no haces otra cosa que pensar en ella?
Corro por el bosque pintado de verde, el musgo a veces me hace resbalar apenas, pero puedo controlarlo a la perfección. Salto el tronco de un árbol caído, evitando contestarle a Jared. No es su problema, son mis pensamientos, son privados. Que puedan oírlos no significa que deban escucharlos. ¿Y qué si pienso en Bella? Yo la quiero.
—Seeh, amigo, de eso ya nos dimos cuenta.
—Si tanta privacidad quieres, ¿por qué no te conviertes de nuevo en un maldito humano y nos dejas cambiar de tema?
—Hazle caso a Paul y ve a llenarle la cabeza a Emily un rato, ¿quieres?
Gruño de vuelta y bufo. Le haré caso a Quill, ya necesito algo de alimento. Tal vez duerma un rato incluso.
—Bien, idiotas.
—¡Eh! ¿Qué dijimos sobre los insul...?
Me convierto antes de terminar de oír la queja de Jared. Me pongo nuevamente el bóxer y los pantalones, y regreso corriendo a la reserva de La Push.
Correr me gusta. Libera mi mente. Deja que me olvide de todo y me concentre únicamente en el húmedo aire golpeando mi rostro y el crujir de la hierba que se dobla bajo mis pies. Sólo que en los últimos tiempos correr se me ha hecho una acción inconsciente, por lo que mi mente también ahora puede socorrer a mi memoria y llamar a los malditos pedazos de momentos vividos que normalmente llamamos recuerdos para mantenerme ocupado en ser un masoquista.
«Adiós, Jake.»
Con esas dos palabras Bella se deshizo de mí. Con esas dos palabras se fue en busca del chupasangre. Esas dos palabras significaron el quiebre, la grieta que finalmente se agrandó y nuestra amistad se rompió. Yo no puedo ser amigo de un vampiro, o de la novia de un vampiro. Yo no debería sentir nada por una «chica vampiro», como Emily la llamaba jocosamente.
Acelero mi velocidad y diviso el hogar de Emily, con su rústica madera y su acostumbrado olor a deliciosa comida. Entro con desinhibición, ella está acostumbrada a ver nuestra media desnudez y falta de vergüenza. Emily me da la espalda, sabe que alguien ingresó en su casa pero aún así continua acomodando pastelillos de sésamo en una gran bandeja.
—¿Ya volvieron? —me pregunta dándose la vuelta cuando oye a la silla que muevo para sentarme chirriar—. ¿Y los demás?
—Ya vienen. Me volví antes.
—Bien, entonces sírvete —me insta, colocando al frente mío una excesiva cantidad de pastelillos para una persona común.
Tomo uno y lo saboreo de un mordisco. Emily siempre cocina de maravilla, y en cantidades industriales. Si no fuera por ella, seguramente moriríamos de hambre... o nos gastaríamos un dineral en pizza. Ella adora cocinar, y nosotros comer.
No voy a evitar continuar pensando en Bella y sus decisiones equívocas, si al fin y al cabo parece ser que soy un adicto a la mortificación y a la auto-flagelación mental. Me molesta, terriblemente. Es como una picazón en tu espalda, justo en el punto ciego en donde la mano de ninguno llega. Si logro rascarme, la picazón aumenta de la misma forma que si no lo hiciera.
Fastidia, y demasiado.
Y ella tampoco hace algo como para ayudarme. En cambio, acepta ciega la cárcel a la que Cullen la somete. Está encima de ella todo el tiempo, la busca, la trae, la sobreprotege, le crea un burbuja de cristal más chica que la anterior que él mismo destruyó cuando se marchó en su pseudo-intento de hacer algo bueno para Bella. Ella no hace nada. Como muñeca, deja que otro la mueva. ¿Qué pasó con la adrenalítica amiga que supe tener? La que me visitaba siempre que se le hacía posible y que me brindaba su compañía. La que se preocupaba por mí y la que no me llamaba a escondidas como si estuviera incumpliendo una ley.
¿Tan lejos ha llegado Cullen que Bella tiene que esconderse de él para dedicarle dos segundos a la persona que en algún momento fue su amigo? Admito que yo tampoco acepto sus llamadas y que Billy siempre tiene que terminar dando una evasiva para cubrirme; pero yo tengo explicación. A mí me duele. Me duele ver cómo ella cae irremediablemente en un hechizo producido por las dotes naturales de un depredador despiadado como lo es ese parásito. No quiero escuchar una excusa. No quiero escuchar la maldita afirmación de que la perdí, de que ella no es mi Bella, la que tanto añoro...
—Jake —me llama Emily suavemente—, ¿estás bien?
—Creo que sí, ¿por?
—Porque has comido sólo un pastelillo.
—Es que... necesito algo con más azúcar.
Emily eleva una ceja divertida y burlona.
—¿Más azúcar? Si gasté cuatro quilos de azúcar en las cinco docenas que hice... Dime la verdad, ¿es la chica vampiro? —Cabeceo afirmativamente—. ¿Y no se te ha ocurrido que tal vez ella no está predestinada para ti, que hay alguien más ahí afuera?
Mi cuerpo se calienta y se enerva debajo de mi piel. Me controlo, es sólo Emily y, además, ella me da educadamente su opinión. Le niego, seguro de que Bella es la única.
Yo sé lo que le conviene a Bella, y justamente no es la sanguijuela. Tengo que ayudarla, protegerla de él, encontrar la forma de alejarla. Sé que Charlie estará encantado de ayudarme ya que, después de todo, odia a Cullen por haber destrozado a su niña. No obstante, tengo que encontrar la forma aún, Bella no se alejará del chupasangre por propia voluntad y no aceptará tampoco estar obligatoriamente lejos de él sin una razón precisa y justificable.
Vuelven los demás, riéndose con fuerza. Se sientan en la mesa haciendo mucho revuelo en el acto. Me miran cómplices y risueños. Paul me roba el pastelillo que tenía en la mano sin morder y se lo traga de un bocado.
—Ya, deja de pensar tanto que tus neuronas tienen una vida útil muy limitada —se burla.
—Por lo menos, las mías funcionan —gruño.
Últimamente me hallo de muy mal humor y no encuentro muy graciosas las bromas de los demás.
—Tranquilos, no se maten —nos apacigua Sam—. Jacob, tienes que ir a ver a Cullen.
—¿Por qué yo? —me quejo.
—Porque estuvimos pensando en darte una excusa para ir a ver a Bella y se nos ocurrió que puedes ir como portavoz de la manada y hacerle recordar al chupasangre el tratado —explica calmo y con una sonrisa en los labios mientras abraza por la espalda a su prometida.
—Me niego —persisto en ser un cabeza dura.
La expresión de Sam se endurece.
—Irás. Ahora. Y porque yo te lo ordeno.
Me callo. No quiero empezar prematuramente una pelea con el macho alfa de la manada. Van a creer que quiero su puesto, y es todo lo contrario. A pesar de que he nacido para ser el líder, yo lo único que quiero es que Bella y los demás que quiero estén bien. No necesito ser jefe, eso se lo dejo a quienes tienen verdadera aptitud.
—Bien, bien —acepto con desgana.
Me levanto con pesadez y, antes de marcharme, le robo un pastelillo a Embry.
—¡Eh! ¡Ese es mío! —se queja y yo le saco la lengua como cuando éramos niños.
—Jacob —me detiene Sam un segundo después de que he atravesado la puerta—. Por supuesto que nos importa todo esto, al fin y al cabo, somos una familia, ¿o no?
—Sí, sí, lo que tú digas.
Salgo de la casa de Emily a paso lento. Miro el cielo, el mar, el bosque. Miro cualquier cosa que me distraiga. Tal vez nunca le diga a los chicos, pero me alegra lo que ha dicho Sam. Y la excusa que me brindó para ver a Bella fue perfecta, ella seguramente llegará con él. Aún así, tengo que encontrar la manera de alejarla de él. Y no se me ocurre ninguna.
Sigo caminando y me doy cuenta de lo cerca que está la casa de Emily de la mía. Hace cosa de un día que no saludo a mi papá, tal vez debería entrar a hacerle recordar mi existencia...
Las veo. Ya sea el sol, Dios, Rá, Buda o quién-quiera-que-fuese me iluminó y las veo. En mi garaje, mal ocultas bajo una lona están las motos reparadas por mí en compañía de Bella. Está la moto roja de Bella. Está la razón por la cual ella se alejará de ese maldito cara pálida. En vez de entrar en la casa, desvío mi camino y me acerco a mi garaje. Agarro la moto roja y me monto en ella. La acaricio con suavidad y la prendo.
Me voy. Estoy seguro de que Cullen estará allí. Estoy seguro de que Bella se enojará. Estoy seguro de que sus cejas fruncidas a causa de la rabia le dará un toque especial a su rostro, otra manera de comprobar que ella es hermosa; y de que esto lo hago porque la quiero.

El deseo de Jasper Hale



Título
: El deseo de Jasper Hale
Resumen: Suspiras. Y sólo Alice se da cuenta. "¿Qué pasa, Jazz?", te pregunta. Niegas, restándole importancia. ¿Cómo le explicas lo que tú deseas? ¿Que deseas algo normal?
Categoría: Hetero
Rating: 9+

Suspiras, innecesariamente.
Fue un suspiro resignado. Y sólo Alice que está observándote atentamente se da cuenta.
—¿Qué pasa, Jazz? —te pregunta.
Tú niegas con la cabeza, restándole importancia. Ella frunce el ceño, sabes que le molesta que te calles, que no la dejes preocuparse por tí.
—Egoísta —te acusa. Cierras los ojos. Ella tiene razón. Siempre la tenía—. Dime lo que te está pasando.
¿Cómo se lo explicas?
Sólo deseas un día normal de instituto. Algo que, se supone, no debe ser tan difícil.
Pero para tí sí que es difícil; cuando ha pasado ya un tiempo desde la última vez que salieron de caza, sientes el olor de la sangre por todos lados. Un olor apetitoso, humano. Y es que es normal que estés rodeado al menos por veinte criaturas, si no es más, con un palpitante corazón que crea una sinfonía agradable, atrayente. Esos latidos retumban en tus oídos y te enloquecen, a pesar de que hagas todo lo posible por evitarlos. Te obligas a utilizar todo tu autocontrol digno de un militar de tu clase para no atravesar la yugular de algún desprevenido.
Entonces se decide salir de caza. Aunque sueles jugar con los límites, te das cuenta cuando ya es insoportable. Y te averguenza ser uno de los que salen con más asidudidad. Pero te comprenden: es complicado. Exceptuando a Carlisle, ninguno de los otros han tenido una existencia vampirica que supere los ciento cuarenta años, de lo cuales hayan atravesado casi un siglo a base únicamente de seres humanos, mucho más delicioso que cualquier animal, a diferencia de ti. Al menos, alguno habrá probado una décima parte de sangre humana a comparación de la que tú ya has bebido. Ninguno de ellos es el "nuevo vegetariano". Ninguno de ellos saben de qué forma sientes que la garganta se te seca, como si un fuego incontrolable ascendiera dejando a su paso una amplia sed, cómo se te encoje el estómago y la ponzoña se libera en tu boca. Ellos también lo viven, pero no en el mismo que grado que tú lo haces.
Cuando vuelven de caza, tú piensas fugazmente, casi en un desesperado deseo, que vas a tener al fin un día normal de instituto.
Sin embargo, recuerdas al instante otro impedimento.
Tu habilidad especial.
No es que la odies, en cambio, la encuentras muy útil. Pero no la disfrutas tan seguido como Alice lo hace viendo el futuro. A ti te frustra en el instituto. Son demasiadas emociones que te llegan por doquier. Lujuria, alegría, calma, envidia, miedo, ira, celos, embelesamiento, tristeza... Aunque las ignores, son definitivamente demasiadas, y te abruman. Más en la cafetería, dónde se concentran y son casi palpables. Puedes sentir, por ejemplo, la exitación ante una nueva contienda contigo esta noche de Emmett, la envidia que desprende Lauren Mallory —dos mesas más allá— cada vez que mira de reojo a algún integrante de tu familia, o el aburrimiento que siente en ese momento Ben Cheney. Y así podrías continuar con cada uno de los presentes en la cafetería.
En momentos se te vuelve fastidioso, especialmente en el instituto. A veces comprendes perfectamente las quejas de Edward sobre esas molestas "voces" que él oye.
También continuas sintiendo la preocupación por parte de tu mujer, Alice.
—Jasper Whitlock Hale —te llama, en un siseo audible sólo para los vampiros—. Dime ya qué te pasa —demanda, sin cambiar su expresión de dulce preocupación.
Sabes que sería erróneo que alguien pensara que ella vive pendiente del futuro. Para nada; tú sabes la verdad. Ella mira en el futuro, prestándole la misma atención al presente.
Omites otro suspiro. Sólo quieres un día normal en el instituto. Aunque te lo replanteas. ¿Normal? ¿Desde cuándo es normal que un vampiro asista a un instituto dónde finga ser un humano común y corriente? ¿Desde cuándo es normal hacerlo sin la intención de buscar alimento? Eso no es normal, es raro, para cualquiera que lo vea desde afuera.
—Jasper —advirtió Alice.
Es anormal, lo aceptas. Pero la ves a ella y cualquier planteamiento racional se vuelve irrisorio, por que si ella lo dice, para ti es normal hasta que las vacas vuelen.
Y aunque estés frustrado, casi torturado, admitiste este estilo de vida; y con placer te das cuenta de que ella está orgullosa de ti, te cree valiente, y tú al fin ves como disminuye lentamente esa culpa de la que tu corazón es presa.
Decides contestarle ya que sabes que no se dará por vencida, y que encima atrae el interés de Rosalie, y con ella sí que es imposible.
—Simplemente estoy alterado.
Alice bufa. Sabes que esa respuesta no la satisface, pero al menos no continuará insistiendo tanto. Porque verdaderamente estás alterado: si no estás evitando caer en la tentación, te vuelven desquiciado las emociones de los demás. Cuando escuchas a todos los otros estudiantes susurrar a tu espalda que tienes cara de estar sufriendo, piensas que no saben cuánta razón tienen. Porque sufres, aunque no lo demuestres tanto.
Entonces, rápidamente, a una velocidad en la que cualquier humano no sería capaz de ver, ella te da un beso como relajante. Y tú te relajas también, gradualmente, descuidando un poco tu atención y enviando olas de calma a toda la cafetería.
—Jazz, contrólate, que Mike Newton ya se ha quedado dormido encima de su comida —te advierte Alice, y escuchas la atronadora risa de Emmet junto con la de Rosalie, quiénes observan la escena de Mike dormido encima de su pasta, con la cara llena de salsa.
Te controlas, y le devuelves el fugaz beso a tu esposa.
Igual, no le dirás por ahora que solamente quieres un día normal en el instituto. Tal vez otro día, cuando  esten en un lugar más tranquilo, sin tanta gente, incluyendo al lee-mentes de su hermano.
Entonces te das cuenta que los labios de Edward están curvados en una casi imperceptible sonrisa. Sin que te enfade, te das cuenta que se ríe de tí, y de todo tu debate interno anterior.
Ya sabrás lo que se siente algún día, piensas mientras rodeas con un brazo la cintura de Alice, sabiendo perfectamente que él te esta leyendo el pensamiento. Aunque no sabes que tan acertadas son tus palabras, ni que mañana llegará aquella chica humana que revolucionará a tu hermano y a toda tu familia.




miércoles, 18 de julio de 2012

Forks es raro


Título: Forks es raro
Resumen: Forks es raro. Lo presiento. Y todo se remarcó el día en que Bella entró en la cafetería.
Categoría: General
Rating: 9+

Aquí, en Forks, las cosas son raras. Lo sé, lo siento, lo presiento.
No digo nada, claro. La última y única vez que lo hice, me miraron y me constestaron completamente extrañados. Y para mí ya es suficiente con ser tímida y con dificultad a la hora de acercarme a otro, para que encima la gente me trate de rara. Así que me callo. No obstante, sigo creyendo fielmente que algo raro está sucediendo en Forks, o, al menos, desde hace tres años, que fue cuando me di cuenta.
Seguro que alguien más también lo notó, pero que lo ignora o no lo comenta. A la vista de todos, nosotros vivimos en un pueblo completamente normal. Yo no quiero ser quién les abra los ojos a todos, me da miedo.
En el momento en que Bella entró en la cafetería en su primer día de instituto, esa extrañeza se remarcó. Tal vez sea por el hecho de que ella fue la primer persona en la que Edward Cullen fijó su mirada por más de cinco segundos, sin realizar contacto visual.
Fue en ese momento, desde ese instante, le presté mayor atención a la hermosa familia Cullen.
Me volví a fijar en su preciosura sobrenatural, en su mutismo permanente, en su elegancia, en sus feroces miradas.
No existe forma en que alguno no te atraiga.
Está Emmett, el más grande. De altura y de edad, aparentemente. Le había visto su sonrisa, una gigantesca, júbilosa y entretenida. También lo vi directamente a los ojos una vez, por un segundo. Su mirada era retadora y agradable. Él en sí parecía una contradicción entera. Feroz, pero tierno.
Emmett tiene novia. La modelo del instituto, la más bella, la chica perfecta para cualquiera. Pero yo sé que ella es diferente. Ella disfruta de su título indigno en comparación a su belleza, pero también su mente se enreda en pensamientos que seguramente nadie sabrá.
Edward es diferente. Diferente a cualquiera, pero a la vez el más parecido. En su mirada se refleja el conocimiento, la experiencia y cierta culpabilidad y horror que lo hacía parecer el más viejo de los cinco. Sin embargo, ahora parece uno de los más humanos. En sus ojos se encandilan el amor cada vez que ve a Bella.
Me enteré que la hermana favorita de Edward es Alice. Lo entiendo. Ella es la hermana menor que cualquier quisiera tener, con su estatura particular que le otorga encanto, sus saltitos elegantes al caminar y su optimismo. De todos, es la más dispuesta a entablar una conversación con cualquier otro que extralimita su mundo.
También la caracteriza el amor hacia Jasper, su novio. Él, para ser un adolescente, más bien parece un veterano de guerra. Su rostro refleja seriedad y cierto dolor. En momentos es quien busca paz, aunque sea imposible hallarla en un instituto. Pero lo más increíble de todo, es cómo su rostro se desarma y se relaja cuando Alice está cerca.
Apareció Bella, y la seriedad, la encantadora frialdad y el alejo social en Edward desapareció. Ahora, él ríe.
Y el mundo de los Cullen se agrandó.
Yo presiento que aquí pasa algo fuera de lo normal.
No quiero parecer loca, pero creo que Bella también lo sabe. Es más, ella pudo descubrir qué es lo que hace diferente al pueblo de Forks de cualquier otro poblado.
Pero también creo que Bella no me va a decir nada.
El día en que ella quiera al fin hablar, yo estaré ahí para escucharla y apoyarla.
Mientras tanto seré su amiga.
Mientras tanto, me preocuparé por ser feliz con Ben, mi no-perfecto novio.